La concupiscencia carnal del
hombre, nace por el mismo, ya que es el pecado original.
San Agustín decía que el
matrimonio era bueno, ya que es un don de Dios la castidad conyugal así como la
virginidad. La unión de un hombre y una mujer eran las causas de la generación
que constituirían el bien natural del matrimonio.
La procreación de un hijo en
el matrimonio no se debe encontrar con la voluntad de la pasión, sino solo de
la procreación, para así poder pasar a ser un miembro de la iglesia.
El uso de la
concupiscencia se da cuando se da los
deseos desordenados e indecorosos; se debe tener en claro no someter el
espíritu a la carne en una miserable servidumbre, según San Agustín.

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